lunes, 18 de enero de 2010

REZAR PARA QUE LLUEVA-CARTA A UN ARZOBISPO

 Hace unos dias encontre el link de este articulo en un comentario del blog de Jose Maria castillo,me impacto dado que expresa lo que pienso pero no  creo ser capaz de expresarlo con tanta claridad


Rezar para que llueva: carta a un arzobispo




La meticulosa carta abierta que un fiel laico católico le mandó al arzobispo de Rosario, José Luis Mollaghan, luego de que éste le pidiera a los feligreses que recen para que llueva en las zonas cultivadas del Litoral argentino.

CARTA  ABIERTA  AL OBISPO  DE  ROSARIO  JOSÉ  LUIS  MOLLAGHAN
Queridísimo pastor nuestro:
Por todos los medios de comunicación, la ciudadanía en general, y la grey  católica que usted preside en particular, nos anoticiamos de su carta que  pide iniciar “una campaña de oración, con entusiasmo y unidos para pedir  confiadamente la lluvia (Ad petendam pluviam)”, enviada a sacerdotes de la  arquidiócesis con motivo de la necesidad de “lluvia abundante para nuestros  campos, para los animales, para alimentar las fuentes de agua, y para  favorecer la salud de todos”.
Esta invitación a rezar una oración para pedir la lluvia al terminar la misa  de cada día a los sacerdotes de la región tendría el siguiente texto:  Oremos: Dios Padre providente y generoso, que "cuidas la tierra y la riegas"  y "cuyos canales están llenos de agua", concédenos la lluvia que tanto  esperamos: la lluvia que nuestros campos necesitan y que nuestros animales  aguardan. Que el agua llegue a nosotros como una bendición del cielo. Te lo  pedimos, por la intercesión de Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Coincido ampliamente con usted de que “no es suficiente que comentemos unos  con otros, escuchando los partes meteorológicos”. Pero respetuosamente me  permito disentir como cristiano -cuya doctrina católica proclama la  irrenunciable vocación de “rey, sacerdote y profeta”- de las formas en que  se le proponen al Pueblo de Dios abordar este tema, como otros tantos  asuntos que “pecan” con la misma “lógica”.
No le debe ser desconocido que Dios dotó al hombre del don maravilloso de la  libertad y es permanentemente convocado al ejercicio pleno y responsable del  mismo. Teológicamente, el pecado es la libertad del hombre enfrentando al  plan de Dios, quien respeta esa libertad imperturbablemente. La primera  respuesta a la consabida pregunta sobre ¿qué hace Dios ante calamidades  naturales? es la conocida contestación inmediata de que nos hizo a cada uno
de nosotros. Lo hizo a Ud., me hizo a mí, como a todos los seres humanos. Y  también está en nuestra medida comprometernos con ese mandato existencial de  construir un mundo mejor, haciendo uso y cargo de esa libertad.
De la anacrónica definición de San Agustín del siglo IV en donde un milagro  es “un fenómeno donde se produce un efecto con independencia de la causa, de  la cual quiso Dios que dependiera, según la común y ordinaria condición de  las cosas” -y a partir del insalvable escollo que representa la ciencia  moderna desenmascarando tanta ignorancia y superstición presentada como  “milagro” por lo que fue sigilosamente sepultada después del Concilio
Vaticano II- tomó vigencia para aquellos creyentes más informados la  definición del Colegio Episcopal Holandés de que “nada nos obliga a  considerar los milagros como una intervención arbitraria y extraña de Dios,  como si Dios impidiera el curso de su propia creación. Lo más propio es  decir que el milagro hace al hombre consciente de que ignora lo que puede  pasar en él mismo y en el mundo”. Finalmente, El 25 de enero de 1983, el  Papa Juan Pablo II promulgó el vigente Código de Derecho Canónico, donde  toda referencia a intervenciones milagrosas y milagros fue suprimida.
Este Dios que actúa regularmente sólo a través de sus hijos a partir del  ejercicio de la libertad concedida y muy excepcionalmente puede llegar a  obrar “milagros”, está definitivamente ausente del mundo en forma directa y  concreta. Es Ése el Dios en el que creemos o “tendríamos” que creer  maduramente y no en ningún otro infantilismo. “Nada sólido intelectual y  existencialmente se puede edificar mientras la ausencia de Dios no se haya
afrontado, comprendido a partir del Evangelio y aceptado”, en palabras del  eminente sacerdote y teólogo católico apostólico romano François Varone.
Por otra parte, el Dios del amor proclamado por Jesús de Nazareth quedaría  en una posición algo sádica y hasta integralmente perversa si sabiendo de  nuestras necesidades y penurias -si estando dentro de su mecánica de  relación con los hombres y mujeres producto de su creación la intervención  directa y milagrosa en la historia- esperara en forma distraída y casi  indiferente nuestros pedidos de salud, trabajo, dinero, amor o lluvia. Más  aun, cuando muchos de estos pedidos -aun los más nobles- nunca encuentran  satisfacción. ¿Qué clase de Padre es nuestro Dios que nos haría esto?  Definitivamente no es éste el Dios en que creemos.
Creemos en un Dios a quien lo único coherentemente que se le podemos pedir  es que nos incremente la fe, haciéndonos cargo de nuestra respuesta para  asumirla y hacerla centro de nuestra vida. Es el Dios de la fe, bien  distinto al dios de esa religión que mal administra la religiosidad natural  que tiene todo ser humano, y que con sus ritos -incluida la parte componente  de oración- pretende sacarlo de su supuesta indiferencia.
Sería verdaderamente profético denunciar desde su posición de ministro -por  lo tanto servidor del Pueblo de Dios- las causas con nombres y apellidos de  los verdugos de nuestro hermano pobre el planeta tierra.
Esto sería utilizar la libertad que Dios nos concedió para optar por su plan salvífico de implantar el Reino de Dios aquí en la tierra como adelanto del otro en el cielo donde alcanzará su plenitud, más que pedir en él la formación de nubes que precipiten en los campos...
No condice con nuestra fe el hablar ambiguamente de “humanizar las  relaciones económicas” sin criticar frontalmente a ese capitalismo enmarcado  en el liberalismo conservador excluyente, ni señalarlo como ilegítimo e  inmoral según el plan de Dios y responsable directo del empobrecimiento  artificial de su pueblo tanto como de la calidad habitable del planeta.
No condice con nuestra fe el dios del Instituto para la Religión y la  Democracia (IRD) que durante las administraciones Reagan fue diseñado  oficialmente para participar en la lucha ideológica internacional poniendo  la esa religión al servicio del capital neoliberal internacional,  combatiendo "teológicamente" las revoluciones de los pobres, las comunidades
de base y la teología latinoamericana de la liberación, como confesaron los  mismos "Documentos de Santa Fe" y con la bendición del Vaticano. No condice con nuestra fe el dios de los teólogos del neoconservadurismo,  como Michael Novak, que justifican teológicamente el neoliberalismo en vez  de sincerarse y señalarlo culpable de la creciente pobreza y destrucción del  planeta causante de estas sequías por deforestaciones indiscriminadas, y que  le adjudican eufemísticamente el mérito de la creciente riqueza, e  identifican hoy al "Siervo de Yahvé" con la "corporación transnacional  moderna" (?) y, aunque es católico, nunca ha sido amonestado, ni siquiera  mínimamente.
No condice con nuestra fe el dios de Candessus, dirigente del FMI durante  los últimos tiempos, implementador de severísimos "ajustes estructurales" a  los países pobres para "modernizar" y hacer "más eficiente" (¿para quién?)  sus economías, privatizándolas (despojando a los países de sus últimos  bienes nacionales) e introduciéndolas en la globalización (es decir,  sometiendo sus mercados al desigual comercio exterior), produciendo el  período de mayor concentración de la riqueza y mayor desigualdad de toda la  historia universal; Candessus, católico practicante, que pronunció un famoso  discurso a los empresarios “cristianos” en el que les atribuyó
corporativamente el "cumplimiento" de la Buena Noticia de la liberación de  los pobres (Lc 4, 16ss), ha sido incorporado, tras su jubilación de la  dirección del FMI, a la Pontificia Comisión de Justicia y Paz del Vaticano,  en un claro reconocimiento, por parte del estado religioso, del mismo dios  de Candessus!!!
Querido Pastor, permítame que con el mayor respeto se lo pida una vez más, a  Ud. que habita esta tierra en este tiempo y tiene la vocación de ministro y  profeta, y no a Dios que habita otro espacio sin tiempo y que para estos  asuntos nos lo ha dado a Ud. junto a todos nosotros:
por favor, ejerza su profetismo y como los grandes profetas de todos los tiempos predique voluntad de Dios en cada asunto de la vida de su pueblo, dejando de lado  la toda acción celestial cuando la solución final nos corresponde a nosotros.
Dejemos esas prácticas que prometen una salvación en forma de solución  individual inmediata para los que están enfermos o para los desempleados que  tienen hambre o para los que no les llueve. Dejemos esa solución ilusoria  porque luego reaparecen los fenómenos de  desestructuración, desempleo,  hambre, sequías y fenómenos climatológicos devastadores ya que las causas de  esas enfermedades continúan. Dejemos esa “patología de lo religioso”; esa
manipulación de la religiosidad inherente a toda persona que anestesia los  problemas políticos sin darle una verdadera solución.
Gran parte de nuestro pueblo, además de las penurias económicas, sufren una  pérdida de identidad alarmante. Sin identidad no hay sujeto y estos sectores  son objetos manejados a voluntad por los verdaderos responsables de estos  desequilibrios ecológicos. Muchos tienen la sensación de desorientación y  desamparo. Para muchos la vida no tiene más sentido, nada vale la pena. Los  ideales colectivos -incluido la construcción comunitaria del Reino de Dios  para los creyentes- quedó muchas veces pisoteada en el suelo, con sus  actores muertos o desaparecidos, la memoria aplastada e ignorada, el sentido  común dado vuelta.
Estos responsables predican como falsos profetas, desde los centros de poder  mundial, que las utopías colectivas llegaron a su fin, que todos sus  profetas yacen crucificados y que el Dios de los injusticiados ha muerto. 
Esta nueva religión es el mercado que quiere imponer un pensamiento único.  Ahora se trata de tener éxito apelando a cualquier medio; ya que el éxito y  el dinero que lo acompaña “pueden cualquier cosa”; por lo tanto, “vale hacer  cualquier cosa” para obtenerlos. Así deja entonces de tener sentido común  todo sentimiento de solidaridad, de justicia y de cualquier búsqueda de  liberación colectiva. ¡Así deja de tener sentido nuestra fe! Mi querido  Obispo, por favor, no dejemos que el anti-reino se pavonee tan obscenamente  quedándonos callados.
El sujeto en que se debe convertir nuestro pueblo no lo es naturalmente; se  hace, se crea, se pone, se realiza. Ello implica atreverse a realizar la  utopía de la identificación con sus mejores sueños. En estas épocas de  crisis se pierde el centro, no se sabe "dónde se está parado", no sabe quién  es, qué es. Es cuando el problema de la identidad aparece en toda su  profundidad, más aun cuando el mercado se erige como único sujeto. Es aquí  cuando nuestro pueblo necesita respuestas, orientaciones. ¡Sus orientaciones  de Pastor en la dirección de la justicia del Reino de Dios por el que vivió  y entregó la vida Jesús de Nazareth!
Este fenómeno denominado "globalización" fuerza esta época de crisis. Esta  etapa es de una feroz ofensiva del gran capital que para superar la que tal  vez sea la crisis más grave de su historia, lanzando un proceso de súper  concentración la cual está presente, actúa y modifica constantemente  nuestras condiciones de vida, incluidas las climáticas. Nos quieren hacer  creer que esta globalización -como fenómeno de intercomunicación mundial- es  algo que de una manera antojadiza “iguala” a todas las regiones y las  naciones, y permite que el conjunto de los bienes, tanto los económicos como  los culturales, se “muestren” a todos. 
Usted sabe que esto es mentira, pues nada tiene de global, ya que se trata de organizar a escala mundial unos intereses absolutamente parciales y minoritarios; por lo tanto contrarios a la voluntad de Dios, Padre generoso, que dispuso las riquezas para todos.
¿Este es el modo que el mercado entiende que se evitaría toda violencia? 
Sería lo mismo que afirmar que en una sociedad de amos y esclavos, si los  esclavos son completamente débiles, no habría violencia, reinaría la paz. Se  trata de la paz lograda con la máxima violencia, la reducción de los otros a  la esclavitud, es decir, la negación práctica de que sean sujetos.
Sólo el ser histórico es sujeto y sólo el sujeto es ser histórico. Y éste  puede tanto ser individual como colectivo. El Estado, el gremio, la familia,  la tribu, el partido, las clases sociales, los sectores populares, y -por  supuesto- la Iglesia, son sujetos. Lo son en la medida en que se constituyan  como tales. Lo son en la medida en que deciden, producen hechos, luchan por
sus derechos, planean y realizan proyectos. Querido Obispo, ayúdenos a  conformarnos como sujetos de nuestra propia historia. La guía de su  ministerio nos es importante para ejercer nuestra fidelidad al proyecto  liberador de Jesús de Nazareth.
Los tiempos de cambio como el actual son siempre difíciles y la gente se  siente insegura y tiende a refugiarse en lo tradicional que adormece el  miedo. Esto se ve sobremanera en lo que se refiere a religión, que es  justamente lo que está pasando con la tendencia de tantos fieles poco  informados buscando soluciones rituales o milagrosas a sus problemas. Cada  uno reza como puede y siempre viene bien rezar. Pero lo es en tanto y en  cuanto esto se traduzca en fe hacia las potencialidades de uno mismo de  protagonizar los cambios necesarios pertinentes; haciendo de esta manera  coherente nuestra fe ya que, justamente, ese es el proyecto de Dios para  todos y cada uno de nosotros.
Aquí es cuando se hacen imprescindibles los grandes Profetas para  interpretar la situación y dar referencias de esa voluntad de Dios,  actualizando tradiciones y formas anacrónicas que son más opio que  liberación; ya que lo importante no es la religión que da seguridad, sino la
fe en Dios y la fidelidad a su proyecto de vida.
Mucha gente de nuestro Pueblo busca en la religión más la seguridad que la fidelidad; quieren bien con Dios, pero también con su seguridad puesta en las cosas de la  estar tierra.
Pero el Señor no tolera esta postura porque es contradictoria y de  hecho es adorar falsos dioses. Se busca entonces, a partir de prácticas  religiosas y espiritualidades desviadas, cumplir con esa especie de  “burocracia eclesiástica” para “conformar” a Dios y “forzarlo” a actuar a
favor. Así se engañan a sí mismos, se alejan de Dios y se apartan de Su  proyecto.
Todo esto es lo que los Profetas de ayer y de hoy denunciaron y denuncian, porque ven que es lo que más daño le hace al Pueblo, y, por supuesto, ganándose muchas veces el resentimiento del común de la gente y su condena, ya que no es cómodo escucharlos.
Pero Ud. sabe que en esto no hay opción: “el que no está conmigo está contra mí, el que no siembra desparrama.
Fríos o calientes; a los tibios los aborrezco” dijo hace unos dos mil años un nazareno al que llamaban Maestro...
La verdadera vocación de cada cristiano en función de Profeta será comunicar  a los hombres y mujeres creyentes lo que Dios quiere y lo que Dios espera en  cada tema, sin generalidades, como lo hacían los Profetas bíblicos, sobre  todo cuando la gente se engaña o es engañada (incluso por jerarquías  eclesiales), lo que conlleva una respuesta de búsqueda de la verdad y del  cambio o conversión (“ir contra otra versión” – la del poder). Y exige por  parte de los que queremos hacer de ese profetismo nuestra práctica pastoral  una “expatriación”, un exilio de los lugares viejos, incluso los religiosos.
En esta práctica pastoral de verdadero profetismo cristiano, el seguidor del  Resucitado deberá asumir la persecución de todo tipo -como en todos los  tiempos ha ocurrido- hasta la posibilidad de llegar a correr la misma suerte  de cruz de Aquel: “Felices ustedes si los hombres los odian, los expulsan,  los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo del Hombre. 
En ese momento alégrense y llénense de gozo, porque les espera una  recompensa grande en el Cielo. Por lo demás, esa es la manera que trataron  también a los profetas en tiempos de sus padres” (Lucas 6, 22-23).
Por eso, como cristiano de su rebaño, le digo que es importante oír su voz  profética interpretando la vida, los hechos y la historia. Sobre todo, en un  tiempo como el nuestro, tiempo de cambio y de miedo, tiempo de inseguridad y  de incertidumbre. Cuando las cosas se ven desde la plenitud de la vida que  ofrece Dios, no hay más remedio que hacerse crítico con relación al  presente.
Ayer como hoy, mucha de la gente de nuestro Pueblo no busca nada  más que su interés particular, con lo cual la vida se convierte en una  auténtica miseria: cada cual va a lo suyo y así todo el mundo sale  perdiendo, sobre todo los más débiles, los pobres, los injusticiados.
Creo profundamente que el verdadero problema está en cambiar el presente a  partir de la maravilla de vida que nos promete Dios en el futuro. La idea  central de todos los Profetas es que el futuro de Dios es la plenitud del  hombre. Es decir, la puesta en práctica del proyecto de Dios es lo que  verdaderamente puede hacer la felicidad de la humanidad.
Y de últimas, como diría un viejo sacerdote amigo, “seremos soldados  derrotados de una causa invencible”. He ahí la grandeza de nuestro destino  en la pequeñez de nuestra vida.

Fraternalmente,

Gabriel Andrade   (Bautizado, confirmado y practicante de la fe católica apostólica romana. Padre, hermano, compañero y amigo; trabajador independiente, rosarino y pecador)

8 comentarios:

  1. La oración es un ruego y una expresión de lo que no se puede decir de otra formaa. Pensar en Dios como en un intreventor que canjeará nuestras peticiones no coduce a otra cosa que, antes o después, se muestre como sádico porque alguna vez no cumplirá con nuestros interesados deseos. El problema es de origen y por lo tanto la forma de afrontarlo también tiene que ser la correcta ya desde ahí.

    Saludos

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  2. De acuerdo con Blues.
    Concebir a Dios como a un genio al que se le piden deseos es tan mezquino como frustrante. Ya te he comentado que este texto me gusta mucho y también sabes que he hecho mía la frase de Casaldáliga. De nuevo te doy las gracias por habérmelo descubierto.
    Besos.

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  3. Lastimosamente es lo que la mayoria hace, una parte se aleja y la otra continua "cumpliendo ritos" sin entender realmente la grandeza de la Salvacion, se insiste tanto en el "premio" despues de la muerte que nadie se preocupa de la vida.
    Gracias a los dos.Un abrazo.

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  4. Todos los que dicen estar de acuerdo con esta carta contra la soraciones de pedidos de milagros a Dios, REALMENTE NO TIENEN FE...
    "Respondió Jesús:Tengan fe en Dios. Les aseguro que el que diga a este cerro: levantate de ahí y tírate al mar, y no dude en su corazo, sino que crea que sucederá lo que dice, logrará lo que pide. Por eso les digo: todo lo que pidan en oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán..." (Mc 11, 22-24)
    El señor Andrade tendría algo que acotar a estas PALABRAS DE JESÚS??
    Los que han pedido un milagro no obtenido, se sentirán enojados con Dios, porque le concedio un milagro a otro??
    DIOS ES TODOPODEROSO, Y HACE CUANDO LO CONSIDERA JUSTO Y SI LA FE DEL CREYENTE ES FIRME O NO... LO HACE (MILAGROS) PORQUE LE VIENE EN GANA... ¿HAY ALGUIEN POR AHÍ QUE TENGA ALGO QUE OPONER A ESTA VOLUNTAD DE DIOS?
    Si tuviesemos el ojo avezado para ver los muchísimos milagros de Dios hoy día... pero no, los incrédulos mandan, y nos obligan a creer que son sinples COINCIDENCIAS O EXCEPCIONES QUE CONFIRMAN LA REGLA DE LA CIENCIA...
    ¡pamplinas!!!

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  5. Cualquier biblista como lo soy yo sabría responder que en la Biblia se distinguen cinco o seis géneros literarios distintos que hacen "un suicidio de la inteligencia la interpretación literal de los textos sagrados" (Pontificia Comisión Bíblica). Quedarse en este tipo de interpretación textual es quedarse en un infantilismo de la fe. Gabriel Andrade

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